Simple: (…) II 3. (aplicado a personas). Falto de listeza o de malicia; ‘La pobre es muy simple y se lo cree todo’. (V. “*ingenuo”.) ¤ con sentido más despectivo, *bobo o *tonto. ¤ Con sentido denigrante, *necio. II 4. *Insípido: falto de sabor o sazón. II 5. D.R.A.E.: “Manso, apacible e incauto”.– María Moliner – Diccionario de uso del Español

Hoy ser considerado “simple” o “sencillo” no es una ventaja. Es como ser ingenuo, o incluso, tonto o necio. Por tanto no sorprende que la gente tenga miedo de parecer “simple” o “sencilla”

Es el complejo de no ser “simple”. El psicólogo John Collard, de la Universidad de Yale, describe los siete tipos de temores más comunes:

    1. Temor al fracaso.
    2. Temor al sexo.
    3. Temor a la autodefensa.
    4. Temor a confiar en los demás.
    5. Temor a pensar.
    6. Temor a hablar.
    7. Temor a la soledad.

Según parece, el no ser simple, es consecuencia del quinto de estos temores, el “Temor a pensar”.

El problema es que, en vez de pensar las cosas nosotros mismos, dependemos de lo que piensan los demás. No queremos pensar.

Por eso lo “simple” y “sencillo” tiene tanta importancia. Al sobre-simplificar un asunto complejo, se puede hacer que la gente entienda y pueda formar su propia opinión sin esforzarse demasiado.

Es “una paranoia de omisión”. Hay una sensación de que hace falta cubrir todas las opciones porque alguien podría ponernos en evidencia en cualquier momento.

En otras palabras, si sólo se dispone de una idea y esa idea falla, no se tiene ninguna red de seguridad. Y, dado que estamos tan orientados al éxito, esto magnifica el temor número uno, el “Temor al fracaso”.

La gente se siente desnuda con una idea simple. Varias ideas posibles en una situación determinada, permiten que una persona piense que su posición está mucho más cubierta.

Nuestra educación general, y mucho más la formación empresarial, nos enseña a gestionar cada variable, a explorar cada opción y a analizar cada perspectiva posible. Esto nos conduce a una complicación enloquecedora. Y los que parecen más inteligentes son los que producen las propuestas y recomendaciones más complejas.

La mejor forma de enfrentarse a estos temores naturales, es concentrarse en el problema. Sin embargo, conviene aclarar que lo fundamental es reconocer el problema correcto a resolver. Si se tratara de Volvo, el problema está claro: cómo mantener su liderazgo con el concepto “seguridad”, mientras otros intentan robarle la idea. Eso es bastante obvio.

Pero hay situaciones en las que el problema no está tan claro. Es el caso de Procter&Gamble.

¿El mundo necesita 31 variedades de champú Head&Shoulders? ¿O 52 versiones de dentífrico Crest?. El Presidente de P&G, Durk Jager, lo explicó en Business Week (9/sept/96): “Resulta incomprensible hasta qué punto se lo hemos puesto difícil a los consumidores con el paso de los años”.

La solución a ese problema era simple, aunque la implementación era un proceso complejo. Estandarizaron las fórmulas de los productos, redujeron las ofertas y las promociones complicadas. Desaparecieron 27 tipos de promociones. También se deshicieron de las marcas marginales, redujeron líneas de productos y limitaron los lanzamientos de nuevos productos.

¿Qué pasó?; hubo menos cosas para vender.

¿Las ventas disminuyeron? ¡No!

Desde luego, los amigos de P&G no tuvieron miedo a la simplicidad; durante los últimos cinco años la han utilizado parar aumentar su negocio en un tercio.

Este es “El Poder de lo Simple”.

 Un Resumen Sencillo

La complejidad no debe admirarse. Debe evitarse.