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Una reflexión de Raúl Peralba ( y Ralph Whitestone) desde la perspectiva del posicionamiento estratégico.

La marca es un concepto que últimamente ha cobrado un protagonismo que no tenía; pero que es absolutamente merecido.

Aunque en el Diccionario de la R.A.E. “marca” tiene once acepciones distintas y bastante dispares aquí intento elevar el nivel, el tema lo requiere. Utilizando la epistemología o filosofía de la ciencia, podemos afirmar que la “marca” es, al final, un constructo, es decir un objeto conceptual u objeto ideal que solo puede existir en la mente de los seres humanos. Es el reflejo, en nuestra mente, de una identidad real. Recibimos información exterior a través de nuestros sentidos, procesamos esa información en función de nuestros conocimientos, experiencias y recuerdos y lo que nos queda en la mente será  “nuestra realidad”.

Así pues una marca es la referencia que  nos sirve para pedir o recomendar algo. Y su aplicación ha ido mucho más allá de productos y servicios, se utiliza para países, lugares, partidos políticos, confesiones religiosas y, también, personas. Los pintores, artistas, modistos, médicos, arquitectos, académicos o políticos son marcas personales, lo que hagan se identifica por sus nombres. Julio Iglesias, Andrés Iniesta, Rafa Nadal  son “marcas” porque usamos esas referencias para pedir o recomendar lo que ofrecen o cosas que incorporan su nombre.

Se ve con claridad cuando detrás de la persona hay una estrategia de marca y su titular se esfuerza en respetar esa estrategia, un ejemplo podría ser Pelé, el contrario Maradona.

Así pues, y con el debido respeto, Felipe VI es también una “marca”. Es nueva se lanzó al “mercado” hace un año. Como decía en este mismo periódico en el artículo de 18/Junio/2014 es un Rey con la ventaja de crear una nueva categoría, un Rey para “la internacionalización” que sucede a un Rey “para la transición”. Una identidad a la que hay que crearle percepciones en la mente de los ciudadanos españoles y del mundo. Es una “marca” especial, porque nos atañe a todos, sin ninguna duda es una de las que más influye en nuestra de todos, la “Marca España”.

¿Y cómo se construye una marca personal? Lo primero es tener muy clara la identidad, lo que “se es”. Luego tiene que transmitir atributos, valores y beneficios que la diferencien y la hagan suficientemente atractiva. Una persona siempre tiene unas características físicas y psicológicas y un origen determinado que condicionan su estrategia de marca. Dicho esto hay que tener claro el segmento al que se quiere atraer, sin olvidar que estamos en un entorno global.

Afortunadamente el “producto” en cuestión cumple en exceso las “especificaciones técnicas” requeridas. El aumento de renombre interno y externo es indiscutible. Etá en auge y esperemos que siga así.

Pero como en todo, el éxito es más difícil de explicar que el fracaso. Por eso aquí van algunas reflexiones para que el “gestor” de su propia “marca”, S.A.R. Felipe VI esté atento; no con lo que está haciendo bien, si no con lo que NO está haciendo mal.

  • El error del “yo también”: Ha creado su propio estilo “distinto”, muy distinto al de su antecesor y propio, sin buscar asemejarse a ningún” producto” similar de otros países. Se ha diferenciado y tiene que mantener esa diferenciación.
  • El error del “¿qué sé hacer?”: Hay que exponer con claridad cuál es la habilidad principal del titular de la marca personal y actuar siempre con ese referente. “Mantener el tipo”, que se dice.
  • El error de “la verdad siempre triunfa”: También para las marcas personales no basta con ser mejor técnicamente hablando, aquí también se trata de una batalla de percepciones. Es decir de inteligencia emocional para crear empatía.
  • El error de “tengo mucho éxito”: El éxito precede a la soberbia y la soberbia al fracaso. Muchos son los que después de alcanzar la cima han fracasado porque más que adecuarse a su público han creído que podían dirigirlo.
  • El error de “todo para todos”: Uno de los defectos más habituales es intentar “ser de todo para todos”. Hoy lo que se valora es la especialización y la profesionalidad.
  • El error de “vivir para la popularidad”: Muchos fracasos son consecuencia de obsesionarse con la “cantidad” más que con la “fidelidad”.
  • El error de “no atacarse a sí mismo”: Vivimos en un mundo dinámico, hay que “moverse” para evitar que nos adelanten. Así pues una marca personal de éxito tiene la obligación de ser la más innovadora en su especialidad. Debe ser consciente que compite con otros, que está en un mundo global intercomunicado y debe ser el primero en aprovechar los recursos disponibles para ser el “Nº1”.

Eso sí, no podemos exigir que él haga solo el trabajo, todos y cada uno, desde nuestra posición, debemos apoyarlo y ayudarlo: Todos juntos sumamos mucho más.

Como dijo Joaquín García Morato: ¡Vista, suerte y al toro!